| |
Me voy porque la tierra, el pan y la luz ya no son míos León
Felipe
La emigración canaria a Cuba fue cuantiosa y sostenida, tanto que puede
considerarse una de sus principales raíces culturales y etnográficas. Hoy no
es raro el canario que tiene familiares en Cuba, y menos raro el cubano que
lleva un apellido guanche. Porque los descendientes de aquellos emigrantes
canarios del XVII poco tardaron en considerarse cubanos de pura cepa.
Después de 1882 llegaron al continente americano más de tres millones y
medio de españoles. Las fuentes españolas reflejan un cifra menor debida
seguramente a la emigración clandestina para eludir el servicio militar o por
la falta de documentación en regla. Después de considerar los retornos la
pérdida final de población apenas supera el millón de habitantes.
Entre 1835 y 1850 Macías Hernández considera que al menos 50.000 isleños
emigraron, de los que casi un tercio se dirigen a Cuba. Si el censo de 1846
recogía la presencia de 19.759 canarios en la Isla, el de 1862 los eleva a
45.814, a pesar del descenso en la corriente emigratoria canaria a partir de
mediados de siglo.
Nuevamente reactivada a fines de la década de los setenta, más de 60.000
canarios emigraron hasta el inicio de la guerra de independencia cubana. La
diáspora se prolongó en los primeros decenios de la centuria, hasta que en la
década de los veinte se produce una inversión de la corriente, superando los
retornos a las salidas. Si Cuba fue el principal destino canario, esta realidad
adquiere más fuerza cuando hacemos referencia al emigrante palmero.
En el bienio 1913-1914 Cuba acogía entre el 84,9 por 100 y el 87,3 por 100
de los emigrantes salidos por el puerto de Las Palmas, entre el 87 y el 87,2 por
100 de los que parten de Tenerife y entre el 99,2 y el 99,9 de los que embarcan
en Santa Cruz de La Palma. De los 4.677 pasajeros considerados como emigrantes
que parten en 1914 de Canarias, un 40,5 por 100 lo hacen del puerto de Tenerife,
un 31,6 por 100 de Las Palmas y un 27,9 de La Palma.
Para 1915 la cifra se elevaba a 6.713 pasajeros, pero los porcentajes habían
variado: un 38,4 por 100 tienen como punto de embarque Tenerife, un 44 por 100
Las Palmas y un 17,6 por 100 La Palma.
Las condiciones de emigración del común de los españoles fueron muy
diferentes de las de los canarios. Tras "pacificar" las islas, y en
prevención de posibles rebeldías, los Reyes Católicos ordenaron el traslado
de grupos de población nativa guanche a las nuevas colonias de América. En
lugar de llegar como colonos o soldados, los isleños, como se los conoce en
Cuba, lo hicieron como mano de obra para las plantaciones de caña de azúcar.
Los pobladores de Cuba de origen canario llevaron consigo sus devociones
tradicionales. Así, el culto a la Virgen de la Candelaria, surgido en Tenerife
en el siglo XIV, inspiró la construcción de una ermita en Guanabacoa. Los
propios canarios fueron quienes, en el siglo XVIII, la convirtieron en la
hermosa iglesia de Santo Domingo.
La influencia canaria en la cultura cubana actual es muy notable. A ella se
debe la pronunciación peculiar del castellano en Cuba, y la preferencia por
formas poéticas como la décima campesina. La improvisación, el punto guijarro
o "repentismo", una persistencia de las fiestas campesinas o guateques
y las famosas parrandas o Charangas.
En ciertos lugares ha sido especialmente destacado el papel de los
inmigrantes canarios. Entre ellos: Güira de Melena, Jaruco, Matanzas, San Juan
y Martínez en Pinar del Río, Cabaigüan de Sancti Spíritus, Guanabacoa, San
Cristóbal de La Habana, Jesús del Monte, Santiago de las Vegas, Bejucal, Santa
María del Rosario y Remedios.
Familias enteras y sucesivas generaciones pudieron emigrar a Cuba. Para
ellos, el mar, más que un elemento de separación, lo ha sido de unión. Eran
intereses más de tipo familiar o social lo que les movía en esta aventura. Los
canarios fundaron las ciudades de Matanzas, Vuelta Abajo, Sagua, San Carlos de
Nuevitas, Manzanillo y Santiago de las Vegas. Entre los canarios ilustres se
encuentra Leonor Pérez, la madre de Martí, que ha dado nombre a la Asociación
Canaria de Cuba.
Tomado de La Opinión de Tenerife, Domingo 19 de mayo de 2002.
TERESA GONZÁLES PÉREZ, Catedrática de la Universidad de La Laguna - Tenerife
|
|