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El sentimiento en el folclore canario
El folclore canario tiene clarísimas influencias peninsulares (españolas y
portuguesas), pero ha bebido también en las fuentes de América del Sur, con la
que tantos lazos unen al Archipiélago, y hunde sus raíces últimas en los
ritmos autóctonos.
Donde más claramente se adivina este recuerdo colectivo prehispánico es en
ciertos aires de las islas como el Hierro y La Gomera.
De todo ello, surge una música popular con clarísima personalidad, aunque
la isa se derive de la jota, o una de las coplas más sentidas por los isleños
se llame, precisamente, malagueña, nombre que revela meridianamente su origen.
La folia, cadenciosa y sensible, y el tajaraste, alegre y sincopado son los
cuatro aires más característicos de este folclore, al que habría que añadir
otros no tan conocidos para comprender su riqueza: el tango de la Florida, los
aires de Lima, el sirinoque, etcétera.
El instrumento canario por excelencia es el timple, una especie de pequeña
guitarra -de cuatro o cinco cuerdas, según las islas- de una extraordinaria
sonoridad y cuyas posibilidades como pieza solista han sido exploradas por
concertistas como Totoyo Millares, José Manuel Aldana o Benito Cabrera.
El estudio y la renovación del folclore canario en los últimos años ha
tenido como protagonistas a grupos que han logrado grandes éxitos en su
investigación y en sus interpretaciones. Citaremos a Los Sabandeños -el más
importante- y Añoranza, en Tenerife, Los Gofiones, en Gran Canaria, y
Taburiente, en La Palma.
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