"Apenas regresé de mis años universitarios en el extranjero,
me puse a escudriñar la vida cubana
y enseguida me salió al paso, el negro.
Sin el negro, Cuba no sería Cuba..."

La Magia de la Música Cubana

De muy hondo le viene la música al cubano, de muy adentro le llegan el ritmo, la cadencia, el talento para asimilar en gestos, contorsiones y notas la maravilla que encierra un pentagrama.

En Cuba la música se esparce como el aire. Como el aire, es indispensable a sus pobladores. Como el aire, la hay a raudales. Como el aire, quien viaja a la isla la respira y queda impregnado de ella, escuchada en la radio, en un toque callejero, salida de orquestas cultas o populares, de instrumentos tradicionales o una simple caja o un machete o una lata.

El secreto: siglos de mestizaje cultural, mezcla de culturas musicales que hallaron nuevos caminos en el panorama insular.

De los aborígenes quedó poco o nada. El colonizador español cortó de raíz la tradición de nuestros primeros habitantes. Ya las naves en que arribaron Cristóbal Colón y su expedición eran un muestrario cultural de la diversa España de entonces. África, cuyo influjo cubriría la isla con el arribo de miles de esclavos, era también un mosaico de pueblos y tradiciones musicales.

Así, en Cuba convivieron e interactuaron desde el temprano siglo XVI romances, puntos, zapateos, tonadillas y ritmos congos, yorubas, carabalíes, arará, a la par de los cantos religiosos de ambas corrientes.

Ya en el siglo XVII, el punto guajiro se escuchaba en los campos como expresión del criollo naciente. En el siglo XVIII, vivió Esteban Salas, maestro de capilla de la catedral de Santiago de Cuba, autor de misas y villancicos. Ya había guarachas criollas y conjuntos típicos cuyos sones sonarían por mucho tiempo, y las claves eran bien conocidas. Mientras la aristocracia bailaba en los salones, los negros -y no sólo ellos- danzaban bailes de contoneos y movían escandalosamente sus cuerpos. La Habana era puerto de reunión de las flotas, y se mezclaban aquí las razas, las historias, los ritmos, las formas musicales y las jergas.

Tras la revolución negra, de Haití llegaron los franceses con el minuet, el rigodón y la contradanza, considerada esta última, al cubanizarse, el inicio de los géneros musicales criollos. Los negros que vinieron junto a sus amos trajeron, por su parte, el cinquillo, elemento rítmico fundamental en la formación de la música cubana. En el oriente de la isla, el cinquillo, con la regularidad rítmica y la simetría de las percusiones africanas, se unió a la contradanza y la diferenció de la modalidad que reinaba en La Habana.

Del siglo XIX se destacarían el violinista Claudio José Domingo Brindis de Salas, llamado el "Paganini negro" y altamente estimado en las más recias salas de concierto del Viejo Continente.

De las cenizas de la tonadilla y el sainete españoles nacía el bufo cubano. Los personajes que en el escenario animaban entremeses y zarzuelas se hacían criollos, y seguidillas, boleras y villancicos daban paso a la guajira, a la décima campesina, a la canción netamente cubana.

En 1879, Miguel Faílde crea el primer danzón (Las alturas de Simpson), hasta bien entrado el siglo XX el baile nacional de Cuba, en cuyas letras se reflejaban sucesos importantes, desde el advenimiento de la república hasta la Segunda Guerra Mundial, pasando por amoríos e historias humanas. En los primeros años del siglo XX todo elemento musical aprovechable pasaba al danzón: boleros de moda, rag times, pregones callejeros, arias, cuplés y hasta melodías chinas. El guaguancó también nace con esta centuria. La trova tradicional, guitarra en mano, es cultivada por figuras como Sindo Garay, Manuel Corona, Rosendo Ruiz y María Teresa Vera, que dan forma a temas como Perla Marina y Longina.

En la segunda década del siglo arriba el jazz. Era la influencia norteamericana. Pero llegó entonces, maduro de siglos, desde el oriente cubano, el son: Marímbulas, bongoes, timbales criollos, cencerrros, contrabajo, ...La melodía de la voz era apoyada por la sonoridad y el ritmo de los instrumentos percusivos.

El son era revelación, tenía un enorme potencial de improvisación y renovación. Podía alargarse y complicarse hasta el cansancio de los bailadores, fue libertad para la expresión popular, un verdadero género cubano. Son imprescindibles conjuntos como el Sexteto Habanero, el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro y seres inolvidables como Miguelito Cuní, Miguel Matamoros y su famoso trío, Arsenio Rodríguez o Francisco Repilado (Compay Segundo), activo y cosechando éxitos aún en la actualidad. Se escuchan también la guaracha y su principal exponente, Ñico Saquito, sin olvidar la guajira y a Joseíto Fernández, padre de la famosa Guantanamera.

En 1929 nace el danzonete, original de Aniceto Díaz. El mambo, en 1939, por inspiración de Antonio Arcaño y plasmado por Dámaso Pérez Prado. En la década del '30, además, surge una corriente afrocubanista que incluye a músicos como Amadeo Roldán y Alejandro Caturla. Ernesto Lecuona irrumpe también con gran fuerza como compositor, a la par de figuras únicas de la canción como Rita Montaner o Bola de Nieve.

En 1951 Enrique Jorrín plasma el famoso Cha-cha-cha, género que hace famosa a la orquesta Aragón. El Feeling, que alude a sentimiento, a poesía, se expande con creadores de la talla de César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Elena Burke, Rosendo Ruiz (hijo) y Frank Emilio, con sede predilecta en el singular callejón de Hammel, en la Habana.

En los '50 ya andaba dirigiendo su orquesta, todo personalidad y genio autodidacta, uno de los emblemas de la música de la Mayor de las Antillas, Beny Moré.

Los '60, época de epopeyas, nacen con la Nueva Trova, ligada fuertemente a la trova tradicional de inicios de siglo y con los aires y temas de la nueva época que se abría al país. La Nueva Trova se convierte en referente para la canción protesta latinoamericana, que desde entonces halla en La Habana, y específicamente en la Casa de las Américas, sede permanente de aliento y reunión. Intérpretes y compositores como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, Sara González y Vicente Feliú -que alcanzan en muchas ocasiones la altura de poetas- inician un movimiento que mantiene una gran vitalidad posterior y continuidad con trovadores como Santiago Feliú, Carlos Varela, Gerardo Alfonso, Raúl Torres, Polito Ibañez, Ireno García y otros.

En la actualidad, la isla cuenta con directores como Leo Brower y Manuel Duchesne Cuzán, en la esfera sinfónica. La Camerata Romeu, dirigida por Zenaida Castro Romeu, está compuesta únicamente por mujeres y ha cosechado éxitos en otras naciones. La salsa cuenta con orquestas como Los Van Van, Adalberto Alvarez y su Son, Irakere (cuyo director, Chucho valdés, es uno de los mejores pianistas del mundo en la zona del jazz), Charanga Habanera y otras.

A continuación presentamos una breve reseña de los géneros que se representarán en nuestro espectáculo; LONGINA, EMIGRANTE EN LA HABANA y el autor que ha sido su creador o representante más cercano. Con esto pretendemos ilustrar de una manera más didáctica el origen de tan diversos géneros musicales y permitir que se conozca más de la vida y obra de tan geniales músicos y compositores. De igual manera presentamos algunas de las letras de las canciones que se interpretarán en el musical.