NEGRA!



De partida, Negra! es un monólogo para tres personajes. Es una obra sobre la esclavitud. Sobre alguna de las nuevas formas de esclavitud de nuestra época. También sobre la mujer. Y en general sobre todos nosotros, sobre esta sociedad nuestra -península Ibérica, siglo XXI- que va cambiando a marchas forzadas.

Es un espectáculo a veces dramático y a veces cómico. Es una propuesta basada en tres mujeres muy distintas. En tres formas muy diferentes de enfrentar la condición femenina y la emigracion en la actualidad. Es un espectáculo con humor, que aspira a hacernos sonreir. Es un espectáculo emotivo, que aspira a conmover. Es un espectáculo serio, que aspira a disponer el ánimo para el pensamiento. Y a provocarnos preguntas como ¿hasta qué punto podemos llamar nuestro a un pedazo de terreno en el mundo actual? Mundo en el que el 50% -o más- de lo que consumimos se produce fuera de ese terreno nuestro. En el que los valores culturales se relativizan, en el que la superpoblación en los lugares menos desarrollados y la pobreza sirve en bandeja las condiciones ideales -a un cierto mercado global- para la explotación del hombre por el hombre.

SINOPSIS

Este espectáculo habla de tres mujeres. Una mulata latinoamericana liberada de un lugar de trabajo de inmigrantes ilegales en el que ha estado encerrada durante todo el último año... Una caribeña de color que se agarra a su particular balsa en forma de matrimonio por papeles con un español, no menos interesado que ella... Una africana de Mali que le cuenta a su hijo su particular, terríble y poético viaje desde la llanuras del Sahel hasta las costas peninsulares...

A caballo entre la emoción, el humor y la reflexión, estas tres mujeres hablan de la esclavitud, de la emigración, de la condición femenina y de una época que no conocemos demasiado bien -la nuestra-, contando una historia que dura ya muchos, tal vez demasiados siglos.


SOBRE LA OBRA

El fondo

Negra! toca varias líneas temáticas entrelazadas.
La primera es la de la esclavitud. Pero: ¿por qué hablar hoy día de algo superado? Precísamente porque no es así. Porque la esclavitud sigue existiendo hoy día. Basta consultar las informaciones de Antislavery International, que habla de al menos un millón de esclavos hoy en el mundo. O los datos del National Geographic de Septiembre 2003, que hablan de 27 millones…

Y no nos estamos refiriendo a los niños vendidos a los telares hindúes ni a los obreros del Nepal, aunque podríamos hacerlo, sino a la Unión Europea y a todo el continente americano. La forma de esclavitud más habitual hoy día recibe el nombre de esclavitud por endeudamiento.Es la fórmula mediante la cual las mafias que introducen en nuestros países mujeres para la prostitución y hombres para los invernaderos, se aseguran su sometimiento. Otras formas actuales de esclavitud, aparte de la tradicional, son las de trabajos forzados, matrimonio forzado, trabajo infantil y tráfico de personas.

El desequilibrio –siempre creciente en los últimos tiempos- entre el primer y el tercer mundo está originando unos flujos de inmigración cada vez mayores. ¿No será hora de entender que no hay frontera que valga sin una ayuda decidida al tercer mundo para paliar ese desequilibrio?

La segunda línea es la mujer. Durante toda la historia de la esclavitud la posición de la mujer ha sido especialmente difícil. A la lucha general por los derechos del ser humano, ha debido sumar la suya propia en pos de su igualdad con el varón. En pos de una igualdad que aún hoy sólo es real sobre el papel, en el mejor de los casos. No en vano gran parte de ese tráfico de personas, de esa esclavitud basada en la necesidad, el desequilibrio y la movilidad de nuestra sociedad actual, recae sobre las mujeres. Las distintas formas de luchar y de sufrir esa situación en la actualidad nos servirá para crear tres mujeres cuya humanidad será la columna vertebral del espectáculo.

De una de ellas surge el nombre de La Negra. Se trata del personaje central, cuyo nombre resume su condición femenina, segregada y desgraciada. Pero - contradicciones de la vida- también expresa una rotundidad, una oscuridad luminosa, una tenacidad primitiva y poderosa que tienen que ver con lo femenino, con la lucha de lo débil contra lo fuerte, de lo flexible contra lo rígido, y que nos atrae con intensidad.

La tercera línea es nuestro país. ¿Qué realidad conocemos? ¿Hasta qué punto podemos llamar nuestro a un pedazo de terreno en el mundo actual? En un mundo en que el cincuenta por ciento -o más- de lo que consumimos se produce fuera de ese terreno nuestro. En el que los valores culturales se relativizan, en el que la superpoblación relativa (mayor en los lugares menos desarrollados) y la pobreza, a veces absoluta, sirve en bandeja al mercado global las condiciones ideales para la explotación del hombre por el hombre.

Nos parece engañoso un progreso que símplemente parece haber sacado (estadísticamente) nuestras inaceptables desigualdades de antaño fuera de nuestras fronteras. Pero las desigualdades siguen. E incluso aumentan desde 1995, según los informes de la OMS.
Sin embargo, aunque no es oro todo lo que reluce, pensamos que algo se avanza. Tal vez queremos o necesitamos pensarlo. Pero es un avance de ameba primigenia, de caracol sexagenario. Un avanze tan lento que hay que mirar y volver a mirar, y analizar, y comparar… para poder apenas apostar por la creencia en el progreso humano. Un progreso tan vacilante que necesita cada vez ser redescubierto, re-proclamado, reinventado para seguir creyendo en él, y para seguir teniendo un referente que dicte, vagamente, los caminos.
Sobre ese progreso es sobre lo que nos queremos preguntar, quizás reinventar un poco, en este espectáculo.

La forma

Pero volvamos ahora a la tierra, después de tantas declaraciones profundas. No hemos pretendido, desde luego, hacer un un ensayo sociológico o histórico. Estamos haciendo teatro. En lo formal nuestra obra pretende llevar a escena, con un toque de humor, las propuestas literarias que hacía Italo Calvino: levedad, rapidez, exactitud, visibilidad, multiplicidad y consistencia.

La obra es una sucesión de los tres monólogos de las mujeres, que van entrelazados por una relación que las une, de tipo simbólico.

El monólogo central es el del personaje de La Negra, flor caribeña de otro mundo que, se agarra a su particular balsa en forma de matrimonio por papeles con un castellano no menos interesado que ella. Negrita, la mulata, acaba de ser liberada por la policía de un guetto de trabajadores ilegales donde ha vivido y trabajado más de 12 horas al día durante todo el último año (historia sacada de una noticia real). El problema es que ahora que la han liberado no sabe bien qué hacer. Adusta, una africana de Mali le cuenta a su hijo su particular, terríble y poético viaje desde la llanuras del Sahel hasta las costas peninsulares...

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