Lo primero que siente el espectador de hoy ante la posibilidad de este acontecimiento escénico, volver a montar Tic-Tac después de más de medio siglo, una de las piezas más representativas del teatro de Claudio de la Torre (1895-1973) y, sin lugar a dudas, una muestra puramente teatral no sólo porque su autor fuera una hombre de teatro aunque narrador y cineasta sino porque esta pieza, que representa un hito en el teatro de las vanguardias históricas en España, junto a y precedida por el señor de Pigmali-n, Los medios seres de Ramón Gómez de la Serna o por el Max Aub de Narciso, pero cerca de y seguida del teatro de Jardiel Poncela y de Tres sombreros de copa de Miguel Mihura, puede salvarse de ser flor de un dÃa, como ocurrió con tantas experiencias de esas mismas vanguardias, conectando con su público, creándolo en su propio universo teatral, pues Claudio de la Torre, un hábil director de escena, se formó, vivió y murió entre salidas y mutis escénicos, con la imperiosa ansiedad de verse entre bambalinas y en la platea, dirigiendo y componiendo piezas tan cruciales para la historia del teatro español de posguerra como Hotel Terminus o Tren de madrugada, para, en medio de ese itinerario de hombre de teatro, estrenar Tic-Tac en 1930 en el Teatro Guimerá de Santa Cruz, recorrido que se inicia en las primeras muestras teatrales en el Teatro mÃnimo familiar en Las Palmas de Gran Canaria hasta que llega a la dirección del Teatro MarÃa Guerrero.
Lo segundo que palpita en el corazón del público canario es la muestra de agradecimiento a quienes han tenido la valentÃa de atreverse con un autor canario de envergadura, olvidado, desconectado de nuestra práctica teatral, pero que ahora se recupera no como una herencia del pasado sino a través de la versión llevada a cabo por Delirium, ejecución teatral que nace de un principio que nos parece básico para no traicionar el espÃritu con que Claudio de la Torre ideó y montó esta obra organizada en siete cuadros dentro de un único acto: la capacidad de respuesta que encierra la esperanza. Y en lo que se debe traicionarse siempre un texto para que no quede enterrado en el pasado, aún más si nos referimos al teatro, un fenómeno vivo, que vive de la propia reacción del público en su misma inmediatez y cuya respuesta es siempre colectiva, es en aquello que, por cualquier razón, no es capaz de disparar la espoleta de la atención del público de hoy. De ahÃ, que, la esperanza que se abre en la obra de Claudio de la Torre a través de los suelos, sea el propio espectador de hoy quien la multiplique, la cierre bajo siete llaves o simplemente la sitúe en el horizonte de su ahora y de su aquÃ. Delirium nos coloca en ese disparadero desde las palabras iniciales hasta los últimos movimientos escénicos, mirando siempre al corazón sea el de una madre o sea el de su hijo de los sueños.
Elenco artÃstico - HIJO: Soraya Glez. Del Rosario
- MADRE: Mónica Lleó
- HERMANA: Dayana Hernández
- PADRE: Francisco Padrón
- FARMACEÚTICO: Ignacio Almenar
- MANCEBO 1: Taiga González
- MANCEBO 2: Natalia de la Cruz
- HOMBRECITO: (Quique) José Fco. Hernández
- LA VECINA: Mónica Lleó
- EL SEÑOR DEL PRINCIPAL: Manuel Gutiérrez
- LA SEÑORA DEL PRIMERO: Charo Febles
- EL SEÑORITO: Baltasar Isla
- LA TANGUISTA: Dayana Hernández
- EL SERENO: Rodrigo DÃaz
- PARCA 1: Charo Febles
- PARCA 2: Taiga González
- PARCA 3: Natalia de la Cruz
- PORTERO: Baltasar Isla
- ANCIANO: Francisco Padrón
- MUERTO ILUSTRE 1: Manuel Gutiérrez
- MUERTO ILUSTRE 2: Ignacio Almenar
- MUERTO ILUSTRE 3: Rodrigo DÃaz
- VIGILANTE: Voz en Off
- DIRECTOR: Baltasar Isla
| Elenco técnico - AUTOR: Claudio de la Torre
- DIRECCIÓN: Severiano GarcÃa Noda
- Ayudante de DIRECCIÓN: Baltasar Isla
- ESCENOGRAFÃ
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